Los clientes compran lo que comprenden

Los clientes compran lo que comprenden

Una de las maneras más simples de poner nuestra oferta comercial a disposición de los clientes, es mediante la traducción de toda la información de nuestros productos al inglés, el idioma en el que se realizan la mayoría de las transacciones, la lingua franca de los negocios y, en gran medida, de la ciencia y de Internet. El idioma inglés se utiliza en forma general como mecanismo vehicular de comunicación comercial en el mundo, y ya no constituye un referente singular de una comunidad en particular.

Los servicios de traducción nos asegurarán poder transmitir nuestra misión y nuestros valores a los clientes a través de versiones bilingües o multilingües de los documentos e informes de nuestra empresa. Es necesario que cada documento importante de nuestra empresa esté traducido, especialmente cuando se trata de llegar a clientes extranjeros. Esto nos proporciona una ventaja por encima de los competidores que hacen negocios solo en castellano.

Pensemos en las empresas que lograron presencia global, veremos que todas planificaron su proceso de internacionalización para operar más allá de su propia localidad. Lo hicieron recurriendo a los servicios profesionales de traducción que les facilitó y perfeccionó la comunicación con sus clientes en otros países.

Autora: Veronica Magan Laca, Traductora especializada en desarrollo industrial.
vmltraducciones.com.ar

La traducción como eslabón imprescindible en la cadena de valor del petróleo, gas, energía y minería

Entrevista publicada en revistapetroquimica.com

Conversamos hoy con la Traductora Pública Verónica Magán Laca, que traduce para los sectores de energía, petróleo, gas, infraestructura, minería y química. Aprovechamos para indagar un poco sobre la participación de la traducción en los negocios de estos sectores, algo que no se menciona tanto.

¿Qué rol cumple la traducción en una industria?

Las distintas fases de las cadenas de abastecimiento de la industria se encuentran separadas, es decir, en distintas empresas y territorios. La traducción actúa como hilo conductor, acercando cada empresa y cada territorio entre sí, poniendo todos los elementos disponibles en los idiomas que utiliza cada participante de la cadena. El éxito de los proyectos depende del buen entendimiento y aporte de todas las partes, y me atrevo a decir que esto solo es posible gracias a las traducciones que están presentes a lo largo del desarrollo de cada producto y cada proyecto. Hoy se pueden utilizar recursos y fuentes desarrolladas en cualquier lugar del mundo gracias a la traducción.

La traducción participa en la cadena de valor de las industrias integrando todos los elementos de las distintas fuentes. Desde la etapa de planificación, financiación, investigación, pasando por la producción, comercialización, logística, marketing, etc., la traducción integra a todos los actores que intervienen en una industria haciendo accesibles los aportes de cada uno en distintos idiomas. La función de la traducción es poner los recursos globales a disposición de un proyecto específico.

¿Cómo funciona la traducción en la cadena de valor de un proyecto? [click para leer la entrevista completa]

Imaginemos un mundo sin traducción

Sin traducción, el mundo sería un lugar más aburrido, más pobre y más desigual, tanto económica como culturalmente, donde solo unos felices pocos con conocimiento de otros idiomas podrían tener acceso a bienes, información y cultura de otros países.

Durante miles de años la traducción ha venido aceitando las ruedas de la interacción humana y ha ayudado a las civilizaciones a evolucionar. Hoy, ¿podríamos imaginar un mundo sin servicios online, sin noticias de otros países, libros o subtítulos en tu serie favorita? ¡Sin traducción, no hay diversión!

Pero no termina ahí la cosa: en un mundo sin traducción, el comercio internacional sería más complicado, dado que requiere de traducciones de contratos, formularios, instrucciones, especificaciones, etc. Elegir la tecnología más atractiva o el electrodoméstico más novedoso sería mucho más difícil, o directamente imposible.

Incluso, antes de comprar un artículo o contratar un servicio, o hacer una reserva para viajar al exterior, muchos desean información para poder comparar. Si no encuentran la información en un idioma que entiendan, seguramente realizarán la compra en otro sitio: los estudios muestran que el 75% de los consumidores prefieren comprar productos en su propio idioma. Sin traducción, la compra online se limitaría a los mercados nacionales.

¿Y tu celular? Con un click podés configurarlo en el idioma que prefieras, y lo mismo ocurre con las apps que le instalás. Esto incluye también idiomas raros con menor difusión. Por eso la traducción brinda otro servicio más: mantiene esos idiomas vivos en el mundo moderno.

La traducción profesional nos ayuda en nuestra vida cotidiana. El trabajo en sí mismo suele ser invisible. Pero está a nuestro alrededor. Es difícil imaginar la vida sin traducción.

30 de septiembre * Día Internacional de la Traducción *

6 Beneficios de la Traducción Profesional para el éxito de los negocios

6 BENEFICIOS DE LA TRADUCCIÓN PROFESIONAL PARA EL ÉXITO DE LOS NEGOCIOS.

Los negocios se concretan a partir de una buena comunicación, oportuna y en un idioma en común. La traducción profesional de sus documentos significa 6 beneficios para el éxito de sus negocios:

  • CONFIANZA: Traducir la documentación al idioma de los clientes y socios genera confianza, porque la comunicación se percibe de manera transparente.
  • PRESTIGIO: Invertir en traducción profesional incrementa la percepción del prestigio de la marca empresa.
  • CALIDAD: La traducción profesional se diferencia de otras traducciones porque logra transmitir entre culturas, mucho más que palabras.
  • GARANTÍA: La traducción realizada por un traductor profesional tiene la garantía de un proceso de trabajo preestablecido, con etapas y tiempos planificados cuidadosamente.
  • NUEVAS OPORTUNIDADES: La comunicación multilingüe de los productos y servicios significa llegar más allá de los límites geográficos.
  • INTERNACIONALIZACIÓN: Las empresas crean bases sólidas para actuar y consolidarse en el mercado internacional a partir de la traducción profesional de sus comunicaciones internas y externas.

Para comunicar su producto o servicio en un idioma distinto, necesita poder confiar en un traductor profesional que conozca el mercado de destino y que sea un experto en su sector. Contacte a VML Traducciones y le prepararé una cotización para que obtenga las traducciones que necesita con el resultado profesional que se merece.

Idiomas de trabajo: inglés, español, portugués e italiano.

El comercio internacional y la traducción

d08d168449c69391d38bfe6a7e7395d7El comercio internacional de bienes y servicios es cada vez más activo y multilateral. El intercambio comercial internacional beneficia a los pueblos retroalimentando las relaciones culturales y económicas. La internacionalización de bienes y servicios es ahora más accesible ya que innumerables herramientas comerciales ponen al alcance de pequeñas y medianas empresas y emprendedores la posibilidad de comunicar al mundo lo que se produce y lo que se busca a través de Internet.

La comunicación es la base de todo intercambio y para que sea efectiva es fundamental utilizar un idioma en común, y el comercio internacional obviamente no es la excepción. Por lo tanto las traducciones son indispensables cuando se desea llegar a un público con un idioma distinto. Gracias a la traducción además es posible tener presencia digital en todo el mundo, mostrar y vender productos y servicios a cualquier público extranjero.

La base de la presencia internacional es una página web en dos o más idiomas, que muestre al mundo el producto o servicio que se ofrece, comunicándolo de la forma adecuada, en el idioma adecuado. Comunicar en el mismo idioma del público al que queremos llegar es la base de la confianza, indispensable para generar negocios fructíferos.

Los profesionales de la traducción además de conocer los idiomas con los que trabajan, poseen un conocimiento cabal de la cultura de los pueblos que utilizan dichos idiomas, por lo que al traducir un mensaje, documento, página web, etc. ponen al servicio de la comunicación mucho más que la corrección lingüística. El profesional de la traducción es un aliado indispensable para el comercio exterior, que logra transmitir la confianza necesaria para que la comunicación en los distintos idiomas sea exitosa.

 

Roberto Arlt y Ricardo Güiraldes, traducidos al bengalí

Fuente texto e imagen: Cancillería Argentina

Arlt y Guiraldes
Información para la Prensa N°: 044/20

En el marco del Programa Sur de apoyo a las traducciones, creado en 2009 y coordinado desde entonces por la Cancillería argentina, se presentaron en el 2º Festival Hispano de Kolkata (Calcuta), República de la India,  las traducciones al bengalí de “El Juguete Rabioso”, de Roberto Arlt, y de “Don Segundo Sombra”, de Ricardo Güiraldes.

Con el objetivo de promover la literatura, el pensamiento y la cultura argentina en todo el mundo, el Programa Sur es una política permanente de la Cancillería, y es coordinado por la Dirección de Asuntos Culturales del ministerio. Se trata del programa más importante en su categoría entre los países de habla castellana, y desde su creación hasta la fecha ha subsidiado la publicación de 1466 obras de más de 400 autoras y autores argentinos, traducidas a 47 lenguas, distribuidas en 52 países, y en colaboración con 850 editores extranjeros.

Las obras argentina traducidas desde hace más de 10 años  son de ficción y no ficción, de cualquier género literario, de todo el país y de autoras y autores clásicos y contemporáneos, en actividad o no. Posibilitó la traducción de autoras y autores argentinos a idiomas tan diversos como el inglés, alemán, francés, hebreo, búlgaro, italiano, polaco, malayo, tailandés, rumano, griego, ucraniano, japonés, checo, neerlandés, portugués, turco, danés, ruso, sueco, georgiano, eslovaco, árabe, esloveno, húngaro, macedonio, noruego, vietnamita y mandarín.

Entre los autores más demandados por los editores extranjeros se encuentran Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Ricardo Piglia y César Aira. Entre las mujeres más traducidas se destacan Claudia Piñeiro, Ana María Shua, Samanta Schweblin  y Luisa Valenzuela. Hay una creciente demanda de autoras contemporáneas como Gabriela Cabezón Cámara (al inglés e italiano), Ariana Harwicz (al inglés y francés) y Selva Almada (al inglés y al holandés). Mariana Enríquez ha sido traducida a 9 idiomas desde el año 2009.

Para esta ocasión, la Embajada argentina en la India desarrolló un pormenorizado trabajo y finalmente concretó una reunión con cuatro editoriales bengalíes para escuchar sus intereses y así facilitar el nexo literario y editorial. En cuanto a la traducción de la obra de Roberto Arlt, el traductor Asesh Ray, quien ya tradujo el Martín Fierro al bengalí, señaló: “el mundo de Arlt está muy relacionado con la experiencia cotidiana de los hindúes. Pese a que no resulte tan evidente, el sentimiento del protagonista, sus actitudes y gestos no son desconocidos para nuestra sociedad, atravesada también por el dolor del individuo solitario”.

Respecto a Don Segundo Sombra, Ray aclaró que “lo más desafiante es encontrar el tono gauchesco” y que su anterior experiencia con el Martín Fierro fue vital para superar la “barrera cultural” entre el mundo del gaucho y la sociedad hindú.

A su vez, el editor Arun Kumar Dey, director de Radical Impression (que publicó las obras), destacó que los lectores bengalíes, sobre todo los más jóvenes, seguramente se sentirán atraídos por la exuberancia de los personajes de Roberto Arlt, mientras que aquellos lectores del Martín Fierro verán una continuación del mundo del gaucho y la pampa en la traducción de Guiraldes.

“Cuyo”, el pronombre que lleva siglos resistiéndose a morir

Fuente: Verne – El País

Si el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, como afirma el sevillano Luis Cernuda en su poema, el futuro de la lengua es una pregunta cuya respuesta nadie sabe. Podemos hacer predicciones a partir de la frecuencia de uso que dan los hablantes a determinados rasgos, palabras o estructuras, pero en la historia de los idiomas comprobamos que grandes procesos de cambio lingüístico que parecían muy decantados se paralizaron sorprendentemente, y que otros, al contrario, se precipitaron y resolvieron en poco tiempo.

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Si nos asomamos al mundo de las palabras, vemos que hay muchas que se han usado con vitalidad desde los orígenes del castellano: aunque el pan y el vino de la Edad Media no eran como los de hoy, con las palabras “pan” y “vino” el español fue haciendo un camino en el que cada hablante heredó estas voces de sus antecesores, las usó con frecuencia y las legó sin cambio, como en una carrera de relevos, a la generación siguiente.

Otras palabras, sin embargo, se nos perdieron en ese tránsito; algunas desaparecieron porque llegaron otras para reemplazarlas: por ejemplo, “pescudar” y “maguer” se apartaron a un lado y el relevo pasó a preguntar o aunque; otras palabras se quedaron en el camino porque nuestros antepasados dejaron de necesitarlas, como ocurre cuando un objeto deja de servir.

Pero el futuro de una palabra es una historia cuyo final tampoco existe, ya que, junto a los vocablos mantenidos vigorosamente en cabeza, están en la cola del pelotón varias palabras rezagadas que por su escasa frecuencia parece que no van a llegar a la meta, que no van a ser heredadas por la generación siguiente. Se emplean poco, parecen limitadas a un ámbito muy concreto como el de la lengua formal, nos suenan a otro tiempo… ¿Quién apostaría por su continuidad en el recorrido? Tal vez alguien que conociese la historia de “cuyo”, el pronombre cuyo mañana es incierto.

La forma “cuyo” proviene del latín cuius-cuia-cuium, que pudo sentirse ya como un elemento arcaico en nuestra propia lengua madre; de ella la heredaron el portugués, el castellano y el sardo. En español se usa como relativo posesivo; es decir, indica pertenencia (posesión) y tiende un lazo (es un relativo, se relaciona) con un elemento previo (el antecedente) que señala al poseedor. Por ejemplo, en una frase como “Al programa vino un artista cuyo libro es un éxito”, vemos que cuyo enlaza al poseedor, el artista, con lo que le pertenece, el libro.

“Cuyo” es una de esas palabras que no recibe los ánimos ni el impulso para sobrevivir en la carrera, pero que, pese a ello, resiste, llega y se traspasa a los nuevos hablantes. Empleada desde los orígenes del castellano, ha tenido constantemente un uso minoritario pero ininterrumpido en nuestra lengua; posiblemente hasta el siglo XVII fue algo más frecuente que en la actualidad (recordemos el “de cuyo nombre no quiero acordarme” cervantino), pero hoy se continúa diciendo “cuyo”, sobre todo en la lengua más formal (por ejemplo, en giros como “en cuyo caso” o “por cuya razón”) y se sigue incluyendo en los libros de español para extranjeros. “Cuyo” nunca ha sido usado en la conversación informal, pero la lengua escrita ha ido secularmente recogiendo el testigo de esta forma minoritaria. Solo hemos perdido un valor de cuyo: el interrogativo que significaba “de quién”; por ejemplo, “¿cúyo es?” como “¿de quién es?”, un sentido que en el siglo XX aún se rastreaba dialectalmente en Canarias y en países de América como Bolivia, Colombia o Ecuador.

“Cuyo” nació agonizando, “como un naipe cuya baraja se ha perdido” (como diría Cernuda), porque desde los propios orígenes del castellano tuvo un competidor muy preparado, que lo rebasaba constantemente: la combinación de que con su, en la que el primero es el relativo y el segundo el posesivo. La unión de “que” al posesivo “su” ha sido siempre más usada que el propio cuyo: muchas obras medievales no emplean jamás cuyo y sí que con su. Por ejemplo, en el propio Poema de mio Cid se dice “Maravilla es del Cid, que su honra crece tanto” y no “cuya honra”. Y los ejemplos con “que su” se multiplican hasta hoy. Si en el español elaborado sobrevive cuyo, en la lengua hablada el campeón es siempre “que su”, por mucho que esta forma se considere poco aconsejable estilísticamente. De hecho, en los cursos de corrección estilística se llama “quesuismo” (fea palabra, sin duda) a esa unión de “que + su” y recomiendan que no digamos “Cernuda es un escritor que su abuelo era de origen francés” sino “un escritor cuyo abuelo era francés”.

Cuando pensamos en una lengua, tendemos a creer dos cosas erróneas: que lo hablado es inferior a lo escrito o, al contrario, que la lengua escrita es un remedo irreal de la lengua hablada. Y ambas ideas son falsas. En ese edificio de variedades que es una lengua, hay elementos que son muy comunes y casi exclusivos de la variedad más elaborada y formal, y otros que, en cambio, están limitados al español de la conversación. Pero ambos grupos conforman nuestra lengua, ambos grupos son (mitad y mitad, iguales en figura) la realidad del español. Por eso, donde habita el olvido de las palabras, de momento, no está cuyo, aunque lleve siglos como farolillo rojo de la competición lingüística para demostrarnos que las predicciones sobre la lengua son voces cuyos augurios no deberíamos oír sin escalofrío.

‘Cuyo’ y los cuyanos

Cuyo es también un relevante topónimo de la geografía hispanohablante. En la zona centro de Argentina, se sitúa la región de Cuyo; sus habitantes son llamados “cuyanos”. El nombre de lugar Cuyo nada tiene que ver con el pronombre relativo del español, pues se trata de un topónimo prehispánico derivado de la lengua huarpe. En la región de Cuyo (provincia de Mendoza) se sitúa la cumbre del Aconcagua, la cima más alta de América. Hay también un asteroide llamado Cuyo (propiamente se llama 1917 Cuyo) que fue identificado en 1968 desde el observatorio astronómico argentino El Leoncito, ubicado en la propia región cuyana.

La palabra “literalmente” se está usando, literalmente, para todo

Origen: Verne / El Pais

Hay gente que solo acepta el significado literal de “literalmente” y que no soporta que uno diga cosas como: “Estoy literalmente muerto de cansancio” o “con este atasco vamos a llegar literalmente la semana que viene”.

En estos ejemplos, “literalmente” no quiere decir, como apunta el diccionario, “conforme a la letra del texto, o al sentido exacto y propio, y no lato ni figurado, de las palabras empleadas en él”. De hecho, es casi lo contrario: se utiliza para añadir énfasis a una frase cuyo sentido es figurado.

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El debate sobre esta palabra, que no es nuevo, ha vuelto después de un compartidísimo tuit en contra de este uso (y de su abuso por parte de los medios), que ha provocado centenares de respuestas.

Sin embargo, la RAE lleva ya un tiempo contestando en Twitter a dudas al respecto y la institución considera que no está mal usar el término “con valor ponderativo, para enfatizar o realzar que un hecho o cualidad es como se expresa”. Lo dice en respuesta a dudas sobre expresiones como “me moría literalmente de la risa” o “el atleta literalmente volaba sobre la pista”.

Es decir, el uso de “literalmente” (y “literal”) para enfatizar es literalmente correcto.

Pero, a su vez, que este uso sea correcto no significa que sea siempre recomendable. Judith González Ferrán, lingüista de Fundéu, explica que el sentido enfático de “literalmente” a menudo no es adecuado y puede llevar a confusión. Sobre todo cuando no se trata de “un uso creativo consciente, sino de una coletilla que se añade sin pensar y por pereza”. Si leemos, por ejemplo, que “un estadio explota literalmente” durante un concierto podemos dudar en un primer momento de si se trata de un accidente o de un exitazo.

La extensión reciente de esta expresión puede proceder “de la lengua oral, cuando nos paramos menos a pensar en lo que decimos”, apunta la lingüista. Decir “literalmente” para enfatizar cosas literales (“fui a esquiar por primera vez, me caí y me rompí literalmente las piernas”) puede haber contribuido a que lo usemos para dar énfasis en frases no literales (“fui a esquiar por primera vez, me caí y literalmente me maté”). En muchos casos, recuerda, puede haber alternativas mejores.

La influencia del inglés

La opinión de González Ferrán es similar a la que da el científico cognitivo y lingüista Steven Pinker en El sentido del estilo: aunque el uso figurado de “literalmente” sea una hipérbole común y se suela entender en su contexto, puede molestar a los lectores, al dar la impresión de que no nos hemos parado a pensar en lo que queríamos escribir.

Pinker escribía sobre esta palabra porque en inglés también se ha extendido este uso de literally, hasta el punto de que el diccionario Merriam-Webster cambió el significado de la palabra para añadir el sentido figurado en 2013. De hecho, González Ferrán, de Fundéu, no descarta que la cultura anglosajona, una vez más, haya influido en contribuir a la moda de “literalmente” en español.

Los editores del diccionario inglés explicaban que solo recogían un uso que tiene antecedentes por escrito desde 1769. Y citaban algunos ejemplos, como “ardía literalmente con ingenio”, escrito en 1847 por William Makepeace Thackeray (autor de La feria de las vanidades). Es decir, “el empleo figurado de literalmente puede ser molesto, pero no es nada nuevo”.

En español y recurriendo al corpus del Diccionario Histórico de la RAE también resulta fácil encontrar usos figurados de “literalmente” (aunque evidentemente creativos). Por ejemplo, Juan Goytisolo escribía en Señas de identidad (1966): “Se sentía mecido y arrullado, penetrado y poseído, literalmente envuelto en la voz persuasiva del Doctor”. Y Emilia Pardo Bazán, en Los pazos de Ulloa (1886): “Don Eugenio, el abad de Naya, se abría literalmente de risa”.

Las mujeres llevan siglos liderando el cambio lingüístico

Las “líderes lingüísticas” están en contacto con personas de diferentes clases sociales y generaciones

Los jóvenes son los más receptivos a las formas nuevas del lenguaje. Experimentan y se apartan de la lengua estándar. No todas las innovaciones cuajan: algunas son modas pasajeras o no pasan de ciertos entornos, mientras que otras llegan a los manuales de gramática y a los diccionarios.

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Resulta imposible predecir qué modas lingüísticas acabarán consolidándose, pero si uno quisiera apostar, podría fijarse en los cambios que prefieren los líderes lingüísticos de cada grupo social. Que suelen ser mujeres.

Se trata de un hallazgo generalizado en sociolingüística, ya desde los estudios de William Labov, que en 1990 publicó un estudio en el que mostraba que las mujeres lideran el 90% del cambio lingüístico. El dato, que tiene antecedentes en estudios de dialectología de mediados del siglo pasado, lo recoge Gretchen McCulloch en su libro Because Internet, donde añade que es algo tan sabido entre los lingüistas que estudian este tema que les resulta “prácticamente aburrido” a los especialistas. Esta tendencia se ha ido confirmando en otros idiomas, periodos y regiones.

McCulloch cita otro estudio: Terttu Nevalainen y Helena Raumolin-Brunberg, de la Universidad de Helsinki, examinaron en 1993 unas 6.000 cartas personales escritas en inglés entre 1417 y 1681, y hallaron que las mujeres introducían cambios en su forma de escribir antes que los hombres, como sustituir el “ye” por el actual “you”. En inglés y en la actualidad, por ejemplo, ocurre con la entonación de las frases que termina al alza, un cambio introducido por mujeres.

También ocurre en español. Isabel Molina Martos, catedrática de la Universidad de Alcalá, apunta a Verne un ejemplo: la introducción de “¿sabes?” al final de algunas frases como una moda reciente introducida primero por mujeres. La lingüista, que publicó un estudio dedicado a este apéndice interrogativo, explica que este “¿sabes?” era más frecuente al principio en las mujeres, hasta que los hombres pasaron también a usarlo, ¿sabes?

Según escribe la lingüista Pilar García Mouton en un artículo publicado en la web del CSIC, las mujeres que actúan como “líderes lingüísticas” suelen ser “de clase media, no necesariamente jóvenes”. Se caracterizan por estar en contacto con personas de diferentes clases sociales y generaciones, lo que las ayuda a convertirse en “excepcionales agentes de difusión del cambio”. No se trata tanto de que inventen nuevos giros (que también), sino que identifican mejor hacia dónde se dirige el cambio lingüístico.

Más respetuosas con la norma

Aunque suene paradójico, otro de los hallazgos habituales en lengua es que las mujeres siguen más la norma lingüística que los hombres. Hablan y escriben con mayor corrección.

Entonces, ¿por qué incorporan innovaciones que se alejan de lo que suelen recomendar profesores y académicos? Como explica Molina Martos, “las mujeres se ajustan más a las formas que tienen prestigio en su comunidad de habla: a veces coinciden con la norma y otras veces no”.

En este sentido, Molina Martos pone el ejemplo del laísmo, “que no es normativo y es más frecuente en mujeres que en hombres (aunque estos también lo van incorporando)”. Hay que tener en cuenta que “todos los cambios lingüísticos en sus inicios no se corresponden con formas normativas pero pueden acabar aceptándose, como ha sucedido con el leísmo de persona, que hoy día está aceptado por la RAE, pero inicialmente no se aceptaba”.

De un modo parecido, las mujeres no suelen liderar cambios relacionados con la fonética, como podría ser la elisión de la de intervocálica (comprao por comprado). Estos cambios no suelen considerarse prestigiosos, ya que acostumbran a interpretarse como un rasgo de habla descuidada.

¿Por qué las mujeres?

Otra dificultad para los lingüistas es saber por qué las mujeres lideran estos cambios lingüísticos. Se han presentado varias explicaciones: por ejemplo, se ha propuesto que ellas podrían prestar más atención al lenguaje para compensar el desequilibrio aún existente en poder social y económico. El uso de la lengua sería una forma de indicar estatus.

También se ha apuntado el hecho de que las mujeres aún siguen mayoritariamente a cargo de los hijos, no solo en el hogar, sino a menudo en la escuela. Esto explicaría que las mujeres lideren el cambio y que los hombres sigan una generación más tarde. Como escribe McCulloch, “las mujeres aprenden la lengua de sus iguales, los hombres de sus madres”.

No es una idea nueva: en un artículo publicado en la web del CSICla lingüista Pilar García Mouton cita el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Santiago Covarrubias. Publicado en 1611, el texto ya recoge “este protagonismo femenino en la enseñanza de la lengua y de sus usos sociales”, con ejemplos de palabras que las madres enseñan a sus hijos. Mouton señala además la importancia que cada vez tienen más los abuelos en el cuidado de los niños y cómo las abuelas adoptan expresiones de sus nietos al interactuar con ellos, en un proceso de retroalimentación y refuerzo.

Es probable que se trate de una mezcla de varios factores. Molina Martos recuerda que “hay mucha discusión acerca de las causas”. Tampoco podemos saber si se mantendrá en el futuro: “Las jóvenes actuales hablan de manera distinta -dice Molina Martos-. Estamos ante el cambio generacional más grande en la historia de las mujeres”. La forma de interpretar la norma y sus cambios puede ser muy diferente a como era hasta ahora.

Fuente: Verne El País

Autor: JAIME RUBIO HANCOCK 

The true meaning of leaving no one behind [The Lancet]

Sometimes it is important to go back to basics. For human interaction, one of the basics is language, the system of communication that, when applied at its best, allows us to understand each other, share, cooperate, and pull each other towards a better place. When on a collective journey towards a common objective such as the Sustainable Development Goals, with a rallying cry of “leaving no one behind” and a central aim of “reaching the furthest behind first”, this system of communication is fundamental to move beyond just the rhetorical: to be truly reached, the furthest one behind will need to understand what she is being told, and most likely, that exchange will have to be done in her own language. That principle should apply to all aspects of development, including global health.
With roughly 7000 living languages in the world, miscommunication is inevitable, but there are times and places when particular care should be taken to ensure that the message is clear and fully understood. Take the highly volatile situation of Ebola in eastern Democratic Republic of the Congo (DRC) for instance. Since the outbreak was declared in August 2018, there have been over 1000 confirmed and probable cases in North Kivu and Ituri provinces. Because the trauma of conflict has compounded the impact of the outbreak on the population, community engagement and ownership of the response are particularly important in the DRC. Last month, Translators without Borders released the results of a rapid studyevaluating the effectiveness of risk communication materials on Ebola used in North Kivu. The results are striking: they show that materials used for the response—posters, brochures, and consent forms for the Ebola vaccine, some in French, some in standard or local Congolese Swahili—are not fully understood. Basic vocabulary in French related to Ebola was not recognised in focus groups and half of the participants misinterpreted a poster inviting the sick to present to the nearest health centre as the complete opposite, that they would not be welcome there. Consent forms used for the Ebola vaccine were also generally misunderstood, as they contained words in standard Swahili, French, and English that were not known to the participants, raising further ethical issues. This study presents the epitome of where and when the basics of language should be better applied to reach “the furthest behind” in global health.
Global health research in general should concern itself with language. As in most scientific fields, English is established as the dominant tongue. Some will rightfully argue that researchers need a lingua franca, a common language in which to communicate, but English is not strictly that: for some (indeed, a minority) it is their mother tongue, but for the rest it is a second language, one that can be mastered at varying levels of fluency, or not mastered at all. That clearly implies that when it comes to the handiwork of research—the searching for funds, the publishing, the reading, the presenting—not everyone is on the same plane, and some are left behind. A Comment published this week presents the reflections and ideas of a group of francophone researchers during a workshop at the Africa Health Agenda International Conference (AHAIC) in Kigali, Rwanda, last month on this very issue. Our readers will appreciate that we could not in good conscience publish this Comment in any language other than French, and will, we hope, take the extra step of accessing the English translation in the supplementary material if needed. The main message is that linguistic isolation and the barriers it creates are real and deeply ingrained, but also that there is a way forward. The solutions will require more consideration of the needs of different linguistic groups, the creation of support networks, and more linguistic collaboration in general. One initiative that fits neatly within these criteria is the Science and Language Mobility Scheme Africa, led by the African Academy of Sciences in partnership with the Wellcome Trust and Institut Pasteur. This brand-new programme funds research done by anglophone, francophone, and maybe soon lusophone researchers in language regions other than their own, in order to strengthen scientific collaboration while building language skills and improving cultural understanding between researchers from different linguistic backgrounds.
Such efforts are to be applauded. Leaving no one behind will require more than glancing back from a position of linguistic power and hoping everyone follows. It will require everyone, journals included, to reach out to the other and find concrete solutions to this most basic dilemma.
Source: Article Info The Lancet

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DOI: https://doi.org/10.1016/S2214-109X(19)30176-7

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